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Domingo 19 de Mayo de 2019   










14-3: Día Mundial del Riñón
14/3/2019 Región Metropolitana Norte

Los tumores renales comprenden un conjunto de patologías que se caracterizan por presentar masas de ubicación renal de diversa etiología: en un extremo tenemos los quistes simples que representan una patología completamente benigna y, en el otro extremo, lesiones malignas que requieren cirugía para su resolución. Entre ambos, es posible clasificar patologías de dudosa malignidad en cuanto a su diagnóstico o masas sólidas (angiomiolipomas, oncocitomas y masas quísticas complejas) que a veces no requieren cirugía y solo control periódico. Los métodos modernos de diagnóstico por imágenes permiten hacer diagnóstico con exactitud en un alto porcentaje de los casos y así enfocar el correcto tratamiento de las mismas.

Es de destacar la importancia del diagnóstico precoz de estas lesiones ya que muchos se descubren accidentalmente o durante examen de rutina y permiten un tratamiento quirúrgico altamente efectivo.
Si se trata de un caso de cáncer de riñón, se puede afirmar que el desarrollo de las lesiones está relacionado con: tabaquismo, obesidad, sedentarismo, hipertensión arterial, insuficiencia renal y otras enfermedades raras o poco frecuentes.
Los síntomas típicos de estos tumores son: dolor lumbar o en flanco, tumoración que abulta la zona y sangrado microscópico o micro hematuria (visible en análisis de orina) o macroscópico (visible a simple vista en la orina). Sin embargo, también puede estar asociado a un gran abanico de síntomas lo que en algunas ocasiones puede confundir la causa de origen, y por eso se llama a este tumor como “el gran simulador”.

El tratamiento del tumor de riñón es esencialmente quirúrgico. Tradicionalmente, por su localización, la cirugía requería de una cierta magnitud e implicaba una lenta recuperación en el hospital. Hoy, debido tanto al avance de la tecnología como al entrenamiento médico es posible resolver la mayoría de los casos por vía laparoscópica con técnicas mínimamente invasivas que permiten extraer solo el tumor sin sacar en forma completa todo el riñón; en casos de mayor envergadura, la extracción es total. En ambas situaciones la recuperación del paciente implica menor dolor, menores incisiones, una mejora cosmética de las cicatrices por incisiones de piel, una más pronta recuperación que redunda en una reinserción a la vida normal y laboral en menor tiempo.

Este abordaje y manejo integral del paciente asegura metas de curación y seguridad, sin descuidar el importante aspecto humano que merece especial atención y que, en definitiva, genera una mejor aceptación por parte del paciente con se recupera física y psicológicamente de una manera optimizada respecto los tratamientos quirúrgicos estándar.

* Asesoró el Dr. Fernando Monti, Urólogo del Sanatorio Agote (MN: 72503)


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