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Sábado 25 de Marzo de 2017   












Marcha de las mujeres
28/2/2017 Vicente López

Mientras tanto, sólo una muestra sensorial, veamos: las mujeres se condicionaban a un recato tan riguroso que las obligaba a salir a la calle con vestimentas que debían cubrir partes de su cuerpo calificadas como incitantes. Era común ver largos y estrictos lutos de negro, faldas por debajo de las rodillas, ir a misa con mantillas y mangas hasta las muñecas.

Las pocas mujeres que asistían a una cancha de fútbol, eran espiadas por debajo de los tablones por cantidades de delirantes sexuales. Estaba todavía muy lejana la época en que se permitiera el uso de la bikini en las playas sin arriesgar prisión. La vieja moral del más cerrado dominio patriarcal hacía estragos, en la mente de los hombres, por la propia antítesis del sistema represivo-erótico. Las consecuencias contrarias de ese vetusto sistema aparejaba trastornos sociales en donde los hombres eran tanto o más perjudicados que las mujeres.

En el año 1946, cuando Eva Perón, apareció públicamente por única vez con su pelo suelto, campera unisex y anchos pantalones (que no marcaban su figura), se armó un escándalo nacional fogoneado por el diario “Crítica”, hasta el punto de que muchas mujeres que siguieron su estilo, eran corridas de los barrios de clase media-alta. En ese caso no correspondía haberse acusado a esas mujeres de provocar con “formas licenciosas en el vestir” como fue calificada por los medios.

Aún hoy hay juezas y jueces que preguntan a la víctima mujer golpeada: ¿no cree que estaba provocando con su forma de vestir? Es inevitable deducir de ésta pregunta el consentimiento de algunos poderes con la trata. En el expediente de "Marita Verón/Su secuestro" podemos verlo.

Patriarcado es la noción sistémica. Machismo sería la forma cotidiana del patriarcado.
La sociedad (de algunos hombres y mujeres) que hoy se resisten inconscientemente a abandonar el patriarcado, tiene sus raíces en una cuestión de profunda cultura ancestral. Sin embargo, en Argentina el machismo como fenómeno inferior y práctico del patriarcado comienza a sangrar por la herida desde el momento que la mujer empieza a lograr su independencia, especialmente económica. El varón va perdiendo la absoluta sumisión de la hija, de la esposa, o también de todas las mujeres que pasan por delante de él. Ve que se le escapa su papel de señorial proveedor del supuesto feudo. En el fondo, se niega a descreer, que de algún modo, todas las mujeres le pertenecen por razones de antediluviana pertenencia.
Cuando aparecen los conflictos laborales, la situación se agrava y pierde la correa.

La democracia y la mutua liberación de hombres y mujeres terminará derribando Barreras.


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