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Domingo 17 de Febrero de 2019   










Violencia y ansiedad infantil
1/2/2019 Región Metropolitana Norte - Salud

 
Cuando la violencia produce ansiedad infantil por Marina Rovner.*
La violencia que ejerce un adulto sobre su hijo (ya sea verbal, física o psicológica) representa un desequilibrio de poder que puede comenzar desde el nacimiento del bebé. Alternativas para evitar e identificar situaciones que resulten violentas y puedan afectar a los niños en su desarrollo.

El amor que recibe un bebé a través de caricias, palabras suaves, respeto por sus necesidades y contacto de miradas provistas de ternura, envía órdenes a la hipófisis activando el crecimiento adecuado a la vez que inscribe en el aparato psíquico un sentimiento de confianza y contención. En otras palabras: el amor es indispensable para el desarrollo. Sin embargo, hay familias en donde el vínculo amoroso es reemplazado por la violencia, justificado muchas veces desde la idea de que “lo hacemos por amor”.

Sobre la base de datos de 30 países, 6 de cada 10 niños de 12 a 23 meses están sometidos a algún tipo de disciplina violenta. Entre los niños de esta edad, casi la mitad son víctimas de castigos físicos y una proporción similar están expuestos al abuso verbal. (Datos calculados sobre la base de datos de las Encuestas Demográficas y de Salud (DHS), Encuestas Agrupadas de Indicadores Múltiples (MICS) y otras encuestas representativas a nivel nacional realizadas entre 2005 y 2016) .

La violencia contra los niños y niñas incluye maltrato físico y mental (insulto, grito, burla, manipulación, cachetazo, empujón, zamarreo, tirón de pelo, etc.), abandono y/o tratamiento negligente (descuido, falta de condiciones básicas de higiene, abandono de la persona, etc.), explotación y abuso sexual. Es importante destacar que la responsabilidad de la violencia que se infringe sobre los niños es siempre del adulto y nunca de la víctima.
En todos los casos es necesario tener en cuenta los siguientes puntos para evitar este tipo de situaciones:
 En lugar de insultar, aceptar los tiempos del niño y respetar la forma de pensar del niño.
 En lugar de gritar, hablar con autoridad.
 No zamarrear al niño ni pegarle. Se recomienda respirar profundamente, calmarse y entender que la violencia física no educa, sino que genera más violencia
 Incorporar el juego en la educación, explicar de una manera clara y con un vocabulario fácil como para que el niño entienda.
 Estar presente en la vida del niño de manera cotidiana.
 Proveer atención en forma permanente.
 Interesarse por los problemas del niño e intentar ayudarlo.
 Cuidar de su higiene personal.
 Respetar la intimidad del cuerpo del niño. No tocar ni estimular sus órganos sexuales en ninguna de las formas posibles.
 Saber que el cuerpo del niño no pertenece ni a sus padres ni a nadie más que a sí mismo, por lo cual no debe ser usado para ningún tipo de fin comercial ni sexual.

Algunas consecuencias psicológicas de la violencia sobre los niños
Si un niño crece dentro de una dinámica donde uno o varios de los progenitores expresan que hace “lo mejor para sus hijos” pero ejercen la violencia, lo más probable es que el niño entienda que la violencia es parte del amor quedando sometido a una situación muy confusa.

En este contexto suelen aparecer sentimientos de angustia y ansiedad al no poder procesar, discriminar ni explicar lo que se está viviendo. En las relaciones familiares violentas la angustia comienza cuando el niño a la vez que sufre, se siente culpable de “hacer las cosas mal” asumiendo la creencia de que “debe merecer lo que recibe” .

Cierto grado de ansiedad forma parte de la existencia y es deseable para poder enfrentar las exigencias del día a día (preparar un examen, aprender algo nuevo o ingresar a un grupo desconocido, etc.) pero ante situaciones extremas en las que se ve comprometida la integridad física o psicológica cumple una función determinante para la supervivencia ya que ante la señal de amenaza o peligro se activa como si fuera un perro guardián.

Cuando las situaciones violentas se perpetúan naturalizándose en la dinámica familiar, pueden generar sucesivas crisis de ansiedad perjudicando la habilidad de aprender, socializar y desarrollarse en la vida adulta.

Si se detecta que el niño padece síntomas de angustia, ansiedad o ha sido violentado, es importante no medicarlo y recurrir a un especialista.

* Asesoró la Lic. en Psicología Marina Rovner, especialista en trastorno de pánico, crisis de ansiedad y fibromialgia. Magister en Comunicación y Cultura (UBA). Profesora Titular Universidad Abierta Interamericana (MN: 11745)


Link Permanente:  http://www.prensalibre.com.ar/index.php?id=15085
   
  
 
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