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Miercoles 28 de Septiembre de 2022   











En nombre del Padre Pancho Soares
21/9/2022 Tigre

Magne: “Pancho tuvo un compromiso con todos los que luchan por un cambio”

Profesor de historia e investigador, Marcelo Magne (65) es miembro fundador de la Comisión de Derechos Humanos de Tigre Padre Pancho Soares. En esta entrevista aporta datos no tan difundidos del sacerdote obrero asesinado en febrero de 1976 en el contexto de la última dictadura (1976-1983). Magne también es autor de “Dios está con los pobres-Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo” (Imago Mundi, 2004); y de “Pancho Soares-Mártir de la iglesia profética” (Ediciones Fabro, 2015), declarado de interés por la Legislatura bonaerense.

-Se conoce que Francisco Pancho Soares fue un cura obrero asesinado en 1976 por defender a los desposeídos y este mes se lo afilió post mortem al sindicato ladrillero (UOLRA) ¿Qué más se puede conocer del padre Pancho?
-El padre Pancho, primero, era una persona que yo califico como polifacética, porque tenía un sinnúmero de aristas y todas muy destacables. Era una persona muy formada intelectualmente. Hablaba el francés a la perfección; de hecho hacía trabajos de traducción. Por otro lado era un eximio organista. Una persona sumamente humilde y comprometida con el prójimo siguiendo lo que el Evangelio dicta; pero con el compromiso de ir a vivir junto a los pobres y a los humildes, con ellos y como ellos. Pero no pensaba solamente en la ayuda social sino que él buscaba la dignidad de la persona. Y esto significa que la persona trabaje en algo que lo dignifique y así pueda vivir y progresar. Por eso el desechaba el paternalismo y la beneficencia. Y esto lo ha dejado escrito, por ejemplo en las actas de la comunidad Juan XXIII. El libro de esa asociación con el barrio se encuentra en la parroquia Nuestra Señora de Carupá. Yo lo he revisado varias veces.

-¿Pancho actúa en respuesta a la miseria que ve en los barrios de San Fernando y Tigre?
-Pancho tiene un compromiso con los trabajadores, con los militantes políticos y sociales, con los obreros. Con todos los que luchan por un cambio. Para lograr un mundo y una sociedad mejor; una transformación estructural. Y por otro lado para defender contra las violaciones a los derechos humanos. Por ejemplo, en el contexto de la represión ilegal de los grupos parapoliciales del terrorismo estatal, él denunció y elevó su voz muy fuertemente en la zona. Y se solidarizó con los trabajadores también. Entonces ahí también se ve que es alguien que defiende la justicia, la equidad, también la igualdad, la libertad, el derecho. Son un sinnúmero de cosas que hacen que Pancho no sea solamente un cura, o un cura obrero. Él es mucho más que todo esto. Si bien su faceta como obrero es para destacar. Ese bagaje tiene que ver con algo que trae dentro de sí. Con la inclinación que tuvo él hacía el catolicismo, pues de muy chiquito fue monaguillo. Recién ordenado sacerdote, siempre se quiso involucrar. Buscar estar cerca de los pobres. Cuando todavía pertenecía a la Congregación Asuncionista en la Capital Federal, en Belgrano yPalermo, en lugares donde había una clase media alta o alta, él buscó la forma de ir hacer trabajo social, con los jóvenes, a Villa Saldías, que no está muy lejos de lo que es hoy la Villa 31 en la CABA. Hay un testimonio de una monja que lo acompañaba. Luego de eso va a Chile. Y se desempeña en una iglesia bastante humilde en Valparaíso. Cuando escribe cartas a su madre sobre lo que hace rescata ese trabajo. Pero prontamente la congregación lo traslada a Santiago de Chile a un lugar muy grande, de clase media alta, con colegio, una basílica, tenían un diario propio. Y él le escribe a su madre que prefería la iglesia anterior, ayudando a la gente que tenía problemas y necesidades. Estos son sus primeros tiempos.

-¿Y consigue ir donde le dicta su vocación?
-En Francia y en España él conoce el movimiento de los curas obreros que surgieron en Francia en la década del ´40, después pasan a España y luego, bueno, se expandieron por el mundo. Louis-Joseph Lebret, el abate Pierre, René Voillaume, otros. Esto lo impacta. Entonces, entre la inclinación que él tenía, y todo esto que vive allá, hay una decisión suya de servir a dios a través de los necesitados. Por eso él le pide a su congregación, la Asuncionista, que lo trasladen a zonas marginales, pero como nunca se lo conceden termina pidiendo la exclaustración, la salida de la congregación. Y así se tiene que acercar a una diócesis. Y llega a San Isidro, donde el obispo era Mons. Aguirre. Pancho le pide “yo necesito y quiero ir a un lugar donde haya pobreza, carencia”, y Aguirre se lo concede.

-¿Las jerarquías aceptan la vocación del padre Pancho? ¿Y el común de la gente en los lugares que llega le da su confianza, le creen?
-Son dos temas bastante jugosos, pero trataremos de sintetizar. Para ubicarnos, estamos en los primeros años de la década del ´60. Pancho se incorpora a la diócesis de San Isidro en el 63. La iglesia no había hecho la gran renovación que hizo años después, el Concilio Vaticano II, que va del 62 al 65, o sea no estaba terminado. Dos años después del Concilio, en el 67, hay una encíclica, “Populorum Progressio”, muy significativa, que sostiene que hay una urgencia para hacer cambios porque la situación económica no resiste más, por la cantidad de gente que hay en la pobreza. La iglesia es un mosaico, no es una institución monolítica. Hay obispos desde ultraconservadores hasta muy progresistas. En ese mosaico Mons. Aguirre no es ni un ultraconservador ni tampoco un progresista. Pero accede al pedido de Pancho y hasta cierto punto le da lugar. Lo manda a Villa Adalguisa, en el límite entre San Fernando y Tigre. Pero Pancho era inquieto y se mueve. Va a Villa Barragán, a la Carupá vieja, que la llamaban así. Iba también al colegio parroquial Nuestra Señora del Rosario, y hacía trabajos en el colegio. También la primera capillita dependiente de Nuestra Señora del Carmen la construyó Pancho, entre la (ruta) 197 y la (ruta) 202 en el acceso norte. Y construye su casita al lado.

-¿Así llegó a Carupá entonces?
-Él queda prendado de la problemática de Carupá y decide establecerse allí. Estará alrededor de 13 años. Muchos vecinos recuerdan todavía la gran cruz que le había hecho. La comunidad lo recibe muy bien porque enseguida levanta la capilla. Hay un testimonio escrito muy lindo, con una ternura y calidez, de una mujer que lo encuentra a Pancho orando y lagrimeando, después de una tormenta brutal que le había tirado abajo gran parte de la construcción de la capilla que él quería terminar para la misa de Nochebuena. Ella dice “después de ver eso me di cuenta de que era un cura distinto”. Él logró lazos vinculares muy fuertes con la comunidad. Le pedían que bautice a los chicos y además que fuera el padrino. Iba al bar. Recorría el barrio con su bicicleta. Él ayudaba y buscaba la manera de que la gente tuviera recursos, trabajo. La cooperativa de baldosas, en la calle Luis García, en terrenos por donde ahora está el Club Hacoaj, llegó a tener 30 trabajadores del barrio.

-¿Y cómo era la relación con las autoridades municipales, partidos políticos y organizaciones que se movían por el barrio?
-Carupá en aquellos años ´60, y con dictaduras, era de una carencia brutal. Calles de tierras. Inundaciones. Había zanjas con agua pestilente. La mayoría de los trabajadores era de los aserraderos o estaban desocupados. Había casillas de madera, chapa y de cartón. La única salida para las mujeres era ser personal doméstico. El Estado estaba ausente, así que no había relación. La política estaba prohibida y perseguida. Con los años Pancho tuvo un vínculo muy cercano con la Juventud Peronista. De hecho les permitía a los jóvenes reunirse en el predio, dentro de lo que se podía hacer. Iban peronistas, gente de izquierda, el activismo gremial y de los astilleros.

-Su asesinato político no pasó inadvertido.
-Es importante marcar que tiene que ver con su compromiso y su trabajo. A Pancho Soares lo tenemos como cura obrero ya desde el ´63 ´64, es de los primeros que vive en una villa incluso antes de las conclusiones del Concilio. El Movimiento de Curas para el Tercer Mundo es uno de los primeros en aparecer en Latinoamérica también. Pancho está entre los primeros 270 curas que adhiere en diciembre al Mensaje de los Obispos del Tercer Mundo, que era de agosto de 1967. En 1968 varios curas de la diócesis de San Isidro comienzan a trabajar con la línea de ese documento y allí reacciona Aguirre y busca la manera de echarlos. El único que queda es Pancho Soares. Quedó solo. Su compromiso es bastante fuerte y profundo intelectualmente. Se ve en los objetivos de las Comunidad Juan XXIII que funda. En su libro de actas, en la primera, se transcriben los objetivos. Son un documento. Se involucraba en persona. Se dice que lo asesinan pues “dio el responso” en el velatorio de los delegados navales asesinados en 1976, e indudablemente él lo dio. Y tal vez haya sido para los asesinos la gota que rebasó el vaso. Pero como ése, él tuvo una vida plagada de hechos con ese compromiso. Y es por esa vida que lo asesinan a Pancho.


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