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Miercoles 22 de Noviembre de 2017   












Cuentos para todos: de los orígenes a la actualidad 125
6/1/2017 Nacional - Cuentos

 
Se dice que la literatura árabe comienza con el Corán, fruto de la predicación de Mahoma. Esta obra, cuyo título significa "lectura", "pregón" o "proclamación" es el texto sagrado de los musulmanes, en el que se incluyen predicaciones de Mahoma y preceptos de la religión islámica, así como normas jurídicas o administrativas.
La poesía árabe sigue dos caminos distintos. En uno de ellos predominan los temas amorosos, aunque no faltan poemas satíricos y de circunstancias; por lo general, su tono es ligero y desenfadado.

Dentro de la cultura musulmana tiene importancia la que se cultiva en España, es decir, la literatura arábigo española. Parte de ella es netamente árabe, sobre todo en la poesía de tema amoroso, que repite los tópicos anteriores en estilo artificioso y recargado. Debe mencionarse al príncipe al -Sharif al Taliq (963-1009), al-Mutámid (1068-1091) y a Ibn Hazm (994-1063), autor, además de composiciones poéticas, de obras filosóficas, de una historia de sectas musulmanas y el tratado sobre el amor Tawq al-hamama (El collar de la paloma).
Aparte la culta, existe en España una poesía popular, que rompe con la rigidez de la lírica clásica, y crea estrofas de distintas rimas con estribillo, llamadas muwáshshaha o zéjel, según estén en árabe clásico o vulgar.

Durante el periodo islámico, norteafricanos como Ibn Jaldún (1332-1406) consiguieron destacar dentro de la literatura en árabe.

Jorge Luis Borges y la literatura árabe

El escritor Pablo Tornielli explica que en un artículo publicado en el diario La Nación (20/11/93), Héctor D'Amico contó que en sus últimas semanas, Borges, que con su esposa (María Kodama) algunas clases de árabe. Claro que el poeta, por entonces, no podía aspirar a dominar esa “lengua tan compleja y que hasta entonces ignoraba por completo”, cuenta Tornielli. A lo sumo podría aspirar a es escuchar de labios de un profesor prestigioso el sonido de esa lengua de una cultura que amaba. Y a la que había hecho referencia en múltiples escritos

Por ejemplo, en “Historia universal de la infamia” (1935) se encuentra el relato “El tintorero enmascarado Hákim de Merv”, donde un falso profeta esconde su rostro tras un velo, supuestamente para proteger a los demás del brillo fulminante de su mirada prodigiosa, logra convocar a tantos adeptos que le permiten armar un ejército y crea una religión que mezcla el Islam con otras doctrinas. Relata Tornielli que, finalmente, se descubre que su máscara no oculta otra cosa que los estigmas de la lepra.

Otros relatos breves, que se vinculan con la cultura islámica fueron incorporados luego a esta obra, y todos respaldados por voces árabes que Borges tomaba con certeza.
Otros cuentos de “Ficciones” incorporan elementos relacionados con la cultura árabe y el Islam. En “El acercamiento a Almotásim”, Borges proporciona la traducción de una palabra en ese idioma desconocido para él, como el árabe, “sin la posibilidad de recurrir a un diccionario, debido a la diferencia de alfabetos. Sin embargo sale airoso del trance, gracias, seguramente a la consulta de fuentes fidedignas” , sigue explicando Tornielli. "Almotásim... quiere decir etimológicamente 'El buscador de amparo'” , sostiene en uno de los pasajes de este cuento.
En “El milagro secreto”, la acción transcurre durante la ocupación nazi en Praga, donde un judío a punto de ser fusilado logra terminar una obra literaria en su mente. El epígrafe del cuento es una cita del Corán.

Luego menciona otros cuentos de El Aleph (1949), que incluye, entre otros, “La busca de Averroes”, “El Zahir”, “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto”, y “Los dos reyes y los dos laberintos”.
En El Zahir, Borges dice: "Zahir, en árabe, quiere decir notorio, visible; en tal sentido, es uno de los noventa y nueve nombres de Dios". En La busca de Averroes imagina una conversación entre varios sabios. En su curso, Abdalmálik, después de ponderar la poesía de los árabes, "motejó de anticuados a los poetas que en Damasco o en Córdoba se aferraban a imágenes pastoriles y a un vocabulario beduino. Dijo que era absurdo que un hombre ante cuyos ojos se dilataba el Guadalquivir celebrara el agua de un pozo. Urgió la conveniencia de renovar las antiguas metáforas; dijo que cuando Zuhair comparó al destino con un camello ciego, esa figura pudo suspender a la gente, pero que cinco siglos de admiración la habían gastado. Todos aprobaron ese dictamen, que ya habían escuchado muchas veces, de muchas bocas. Averroes callaba. Al fin habló, menos para los otros que para él mismo".

El resto de los cuentos, los dejamos para que los lectores busquen por sí mismos otras referencias que, si nos las encuentran, por lo menos podrán gozar, ampliamente, de quien muchos podrán decir que es el máximo cuentista argentino.


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