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Domingo 28 de Mayo de 2017   












El sueño de la razón produce monstruos
28/4/2015 Región Metropolitana Norte

 
Algo de eso ha pasado con el director ruso Andrei Zvyagintsev, cuya última creación “Leviatán” ha tenido la suerte de ser estrenada por razones que no tienen mucho que ver con su calidad, sino más bien por el hecho de haber sido criticada en su país y por haber competido con nuestra “Relatos salvajes” por el Oscar a mejor film no hablado en inglés. De este autor hemos visto tres de sus excelentes films: “Elena” de 2011, “El regreso” su primer largo de 2003, ganador del León de oro de Venecia y también se consigue en dvd “El destierro” de 2007. Todas ellas tienen como eje central una mirada dura y profundamente crítica sobre conflictos familiares enmarcados en una sociedad, la Rusia contemporánea, que es seccionada por una mano impiadosa, la de Zviagintsev , en todas sus facetas, políticas, sociales, religiosas, económicas, éticas.

Dejando en claro que la historia de “Leviatán” puede ubicarse en cualquier lugar del mundo, el director nos cuenta que se basó libremente en una situación similar que vivió un granjero norteamericano, que al ser amenazado por la burocracia y los bancos, arrasa con ellos con una topadora y luego se suicida. El ruso ubica su tragedia a orillas del mar de Barents, en un helado pueblito en donde se da la misma situación. Un alcalde brutal se quiere quedar con la casa de un mecánico, muy bien ubicada, y la película narra la resistencia y el enfrentamiento contra todo el poder político, policial, judicial y religioso concentrado, que no deja de apelar a todas las formas de extorsión, tráfico de influencias, corrupción y violencia, sin detenerse en ningún umbral de crueldad.

Zviagintsev, ha contado en reportajes, que su Leviatán es una mezcla de dos monstruos, el moderno de Hobbes y el mitológico que acecha al Job del Antiguo testamento. Su film desnuda hasta la más pequeña partícula del poder institucional y de los micropoderes que se despliegan en el plano familiar en la relación entre padre e hijo y en el machismo brutal entre hombres y mujeres. El personaje central funciona como una clara metáfora de un Job moderno, acechado por la envidia y el egoísmo de un burócrata que en ese pequeño mundo manipula los resortes del poder del Estado (Leviatán), que lo acosa incesantemente.

El clima misterioso y simbólico explicitado por travellings morosos que se detienen en ominosos esqueletos de ballenas y despojos de barcos, sintetizan la mirada cultural e histórica de una Rusia que a la vez que se descompone en sus relaciones humanas, solidifica un Estado poderoso que rememora el poder zarista.

Las interpretaciones son notables y homogéneas, nadie sobresale, todos transmiten cercanía y angustia, conmoviendo sin artificios. “Leviatán” es una historia sobre la violencia soterrada y el juego sucio, nos inquieta y no nos tranquiliza, sirve para mantenernos despiertos.

Alberto Poggi


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